Visitando el Desierto de la Tatacoa

Ver el mundo es una de mis dos pasiones. Creo que de las dos fue la primera.

Scan 11Recuerdo de pequeño haber visto el mar por primera vez desde las ventanas de un Renault 4 blanco, un mar que aparecía y desaparecía con cada curva, hasta tenerlo de frente llenando el horizonte como algo infinito, solo apto para los más atrevidos aventureros que se enlistaran en un barco para cruzarlo. Quizá por esa primera imagen del mar y las historias de Edgar Allan Poe fue que años más tarde me enlisté como marinero en la naviera Stena Line, mi primer trabajo como bachiller.

Sin título-2La segunda, el amor por la fotografía, también lo adquirí en mi infancia. Ese fue sin duda gracias a mi madre. La recuerdo con una cámara Leica metálica, luchando por poner en práctica sus nuevos conocimientos adquiridos en una escuela de fotografía que quedaba en la esquina de la Avenida Oriental con Sucre, en un segundo piso en el centro de Medellín. En esa época aún dependíamos de rollos de negativos y del proceso de revelado químico.
Ver sus fotos a blanco y negro, a veces fuera de foco, movidas, con la punta de un dedo en la esquina, y oírla hablar de cómo las revelaban, y preguntarse por qué habrían quedado así, era para mi como presenciar la discusión de una auténtica alquimista.

IMG_6747Así que viajar y redescubrir el mundo con mi lente es aquello a lo que me he dedicado, y aunque extraño mucho el mar y las costas, debo confesar que haber cambiado los océanos por un mar de montañas me ha traído mucha satisfacción.
Y como dijo Colón: “El mar dará a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sueños”. En mi último viaje, detrás de ese mar de montañas, se cumplió para mi una vieja esperanza, un viejo sueño, una –para mi- nueva visión: el Valle de Yacará, en el municipio de Villavieja, al norte del Departamento del Huila, también conocido como el Desierto de la Tatacoa.

AvaIMG_7187_2nzando por la carretera desde Neiva, recordé ese primer viaje a Tolú, anticipando el mar por la ventana del carro. Con cada curva el bosque tropical seco se hacía cada vez más árido. La tierra iba desnudándose de vegetación con cada kilometro recorrido. Las marcas de erosión parecían cicatrices hechas por las uñas del agua aferrándose inútilmente al recuerdo de la vida que ya no esta ahí.

IMG_6779_2El desierto es, sin duda, inhóspito, un lugar que exige lo mejor del ser humano para sobrevivir a sus condiciones. Y esto es evidente al entrar en contacto con las comunidades que lo habitan.

Nuestro anfitrión, Moisés Martínez de Cleves, nos recibió desde su mecedora a la sombra de un naranjuelo. Bastó un segundo para reconocerlo. Era tal cual lo había imaginado. IMG_6401_2
Hasta hacía un día y medio solo sabía su nombre y las direcciones de llegada a su hotel. Pero tras solo un día y medio en el Huila, las historias que extraños, en conversaciones esporádicas, me iban dando sobre este personaje y sus talentos, alimentaron mi imaginación, y empecé a construir una imagen en mi mente.
IMG_6936 Moisés es famoso por su lechona de chivo. Todo el que se enteraba de nuestro destino se veía obligado a contarnos de las habilidades culinarias de Moisés. Desafortunadamente no coincidí lo suficiente en el mismo lugar con Moisés como para probarlo. pero lo veo como la perfecta disculpa para regresar a Noches de Saturno, su hotel.

IMG_6828Moisés es nieto de Rosalina Martínez de Cleves, la legendaria Reina del desierto. Desde su llegada huyendo de la guerra de los mil días a principios de 1900. Fue ella, su familia y su descendencia, trece hijos, setenta y seis nietos y más de doscientos bisnietos los que se han encargado de poblar y sacar adelante una comunidad en este hermoso y árido paisaje. En el desierto puedes sobrevivir a muchas carencias: agua, alimento, medicinas, sombra… pero nunca a la falta de una comunidad que vele por el bienestar, la integridad física y mental de todos sus integrantes.

IMG_7378_2Creo que como al mar, al desierto le pasa lo mismo: desde su orilla todos nos imaginamos que la vista y el paisaje será monótono hasta su otra orilla. Pero no podríamos estar más equivocados. IMG_6683El desierto, como el mar, está llenos de paisajes únicos, irrepetibles. El viento, el agua y el tiempo hacen que se comporten como gigantescos calidoscopios, que lo único que nos prometen es nunca poder volver a ver exactamente el mismo paisaje. Siempre cambiantes e hipnóticos. Seductores.

IMG_6557A simple vista este desierto se viste de rojo y gris, y las excursiones que te ofrecen como turista lo clasifican así. Pero simplificar el desierto en dos colores es perderse de sus matices: rojo, amarillo, gris, blanco, negro, verde, café y azul, y es realmente hermoso, esto en cualquier día soleado. Pero gracias a Dios, gozo de una de las más grandes fortunas del mundo. Él se empeña en mostrarse ante mis ojos con sus más misteriosas galas. En el 2008, cuando visité la Gran Barrera de Coral, el mayor arrecife coralino del mundo (2600km de longitud), poblada por más de 1500 especies de peces, 125 especies de tiburones y 5000 especies de moluscos (entre otras), uno de los lugares más poblados de vida del mundo debido a una de tres tormentas tropicales (Queensland Storms 2008), tuve el privilegio de explorar y fotografiar una vista única, kilómetros y kilómetros de corales deshabitados; casi como explorar una ciudad como New York o Barcelona, en toda su gloria, pero sin ningún habitante. Al visitar la barrera de hielo marino al este de Svalbard, al norte de Noruega, el hielo simplemente ya no estaba allí. Solo había un oso polar flotando en un retazo de hielo, así no más, como en un afiche de GreenPeace.

IMG_6292_2Mi visita a la Tatacoa no fue la excepción. De mis tres días en el desierto, dos me llovieron. Nunca me hubiera imaginado lo que el Valle de Yacará quería mostrarme en mi primera visita.

IMG_6958 Una cosa es ver el desierto de la Tatacoa seco y árido, bajo un sol fuerte y reluciente en un cielo azul profundo, es una vista que en realidad conmueve y llena de humildad, pero verlo arroparse con una cobija de nubes grises y negras, y empaparse de agua y vida es otra cosa. Me hizo recordar las historias de Stellan Kekonius y su sobrevuelo en globo sobre un Sahara florecido.IMG_7220_2

El único inconveniente de viajar y sentirse el hijo favorito del dios de los paisajes, es que es mortalmente adictivo.

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June 14th, 2016 by
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